Hasta qué punto debemos dar segundas oportunidades. Hasta qué punto debemos tragar orgullo por otra persona por el hecho de salvar una relación. Últimamente estoy algo mosqueado por este tema, y es que molesta mucho cómo pones de tu parte por tratar de arreglar ciertas situaciones para luego darte cuenta de que a la otra persona le das igual, que no merece esa oportunidad que le estás dando. Me irrita mucho el hecho de creer estar obrando bien por decir mira, vamos a tragar algo de orgullo y vamos a tratar de resolver este conflicto con esta persona, para darte cuenta después de que no has hecho otra cosa que perder el tiempo.
Soy una persona que me considero muy altruista, y siempre trato de ponerme en el lugar de los demás, sobretodo cuando veo alguien en posición desfavorable. Es por esta razón que no dudo en volcarme en alma si veo que algún conocido o amigo lo está pasando mal o tiene algún problema, si sé que en mi mano está ayudarle para que se sienta mejor trataré de hacerlo, ya que creo que es lo correcto, y soy el primero que pienso que si yo estuviese en esa situación me gustaría que hubiese alguien así para ayudarme. Quizás por haber tenido una adolescencia difícil en la que he sido presa de numerosos abusos por parte de otras personas sea por lo que al haberme sentido tantas veces mal por culpa de otros trato de evitar a quienes estén a mi alcance que pasen por lo mismo. Pero por desgracia cada vez veo más claro lo egoísta que es la gente. Que por mucho que tú trates de dar segundas oportunidades, aún sabiendo que no deberías o que tú seas quien tiene la razón y que a pesar de dar tu brazo a torcer y poner de tu parte no sirva de nada, y que el otro en cuanto hayas dejado de serle útil no quiera saber nada más de ti. Cada vez soy más consciente de que dar segundas oportunidades es algo muy valioso, que personalmente he realizado numerosas veces a lo largo de mi vida, creyendo estar haciendo lo correcto.
Y por supuesto que creo que es lo correcto, no me malinterpretéis, no creo ahora que nadie merezca una segunda oportunidad. Pero lo que sí he podido comprobar es que no es algo que haya que dar con tanta facilidad. Que si a una persona decides premiarla con una segunda oportunidad es posible que no lo sepa apreciar, y no sólo eso, sino que a raíz de que tras lo que haya hecho tú le hayas dado una segunda oportunidad se siga aprovechando de la situación, sin realmente cambiar nada, lo cual se supone que es el principal motivo de premiar con esa segunda oportunidad. Y siempre he sido muy cabezota con este tema, ya que he tratado de llevarme bien con todo el mundo. Pero el tiempo me ha demostrado muy claro que esto no es más que una imposible utopía. Y sinceramente, para nada es necesario. No hay ninguna necesidad de llevarse bien con todo el mundo, y no sólo eso, sino que habrá gente que hagas lo que hagas te odiará y te deseará lo peor. Por ello es un error atascarse y seguir luchando con atravesar un muro cuando puedes optar por otro camino e ignorarlo para así poder seguir avanzando en tu camino. Y es un poco lo que vengo a decir hoy, en parte a compartir mi frustración y decepción por poner de mi parte en ciertas situaciones para acabar con ciertos conflictos con distintas personas, así como a compartir el punto de vista que la propia vida me está dando. Y es que así es, la vida al final es la que te va enseñando qué camino tomar, y creo que es un error ignorar esto. Porque las personas no cambian, y no se puede luchar contra ello. Una persona por mucho que le regales una segunda oportunidad no significa que vaya a saber aprovecharla. Entonces podemos preguntarnos, ¿deberíamos dejar de darlas? Creo que no, y una de las razones es precisamente la misma razón que nos hace seguir pensando que darlas es buena idea, a pesar de contemplar en numerosas ocasiones el fracaso de la misma. Y es que creo que las personas son las que deben demostrar que las merecen, y no con palabras, sino con actos. Creo que si la otra persona es capaz de demostrarte que merece esa oportunidad entonces será cuando sabrás que se la estarás dando sin desperdiciarla. Porque al dar una segunda oportunidad estamos siendo vulnerables. Estamos mostrando una parte de nosotros y exponiéndola con la misma fragilidad con la que pueden dañarla. Y más aún ante una persona que ya te ha demostrado actuar de una manera, porque si lo ha hecho una vez entonces nada te garantiza que sea capaz de volver a hacerlo. Quizás la vida precisamente te esté enseñando que esa persona no te conviene. Y no hay nada de malo en esto, ya que por que dejes de tener relación con alguien no vas a ser peor ni tú ni él, cada uno va a seguir con su camino y nada debería encadenarnos a otros, haciendo honor a los grilletes que dan nombre a este blog. Y esta es una de las cosas que a mí más me ha costado ser capaz de aprender, a saber dejar atrás a personas que sencillamente no debían estar en tu vida, que en algún momento han llegado para enseñarte algo pero que en este momento no tienes nada más que aprender de ellas y por ello debes dejarlas atrás ya que de no hacerlo no sólo no te van a aportar nada sino que te van a frenar en tu crecimiento y evolución.
Por todo esto a día de hoy soy cada vez más consciente de que una de las mejores maneras de ser felices es no sintiendo apego por nada ni nadie, ya que a cuantas menos cosas estemos atados más fácil nos será alzar el vuelo sin que estas cosas nos pesen y nos dificulten realizar el mismo. Porque al final en esta vida se viene a ser feliz y a disfrutar nuestra estancia en ella, y cuantas menos cosas nos lo dificulten mejor. Hay que saber qué cosas tener en mente y cuales no han de entrar en nuestro pensamiento. Sólo así creo que seremos verdaderamente felices. Obviamente esto es una idea muy por encima, ya que evidentemente la idea de la felicidad es mucho más profunda que simplemente esto. Esto no quita que lo que hemos comentado hoy sea un gran paso para alcanzar esta meta que ansiamos de la felicidad. No obstante dejemos de ver la felicidad como una meta, un estado al que siempre aspiramos y nunca llegamos. La felicidad está aquí, está con nosotros. Nosotros debemos ser felices ahora, ni ayer ni mañana. Hoy es cuando debemos preocuparnos por ser felices. ¿No lo somos en este preciso momento? ¿Por qué razón? ¿Hay algo a lo que le estemos dando más importancia de la que debiésemos? ¿Hemos dejado de darle esa verdadera importancia a las cosas a las que nunca debemos ignorar y dejado de tener en cuenta que las tenemos y que ese hecho ya es más que suficiente para ser agradecidos? Sea por la razón que sea la felicidad es posible. Obviamente hay momentos más o menos complicados, y por supuesto que en algunos parece imposible ser feliz. Ahí es donde entra el esfuerzo de cada uno por ser capaces de dominar nuestro pensamiento, y de ver las cosas con la claridad que merecen. ¿No es la felicidad el mayor deseo que cualquiera tiene? Entonces seamos luchadores de verdad, esforcémonos por realmente obtenerla y dejar de lamentarnos. Sólo así lograremos sacar a relucir lo mejor de nosotros mismos, y eso nos hará crecer.
Como habréis podido observar me desplazo de un tema a otro con mucha facilidad, y eso se debe a los muchos pensamientos que rondan mi cabeza. No pretendo realmente elaborar un discurso bien elaborado y estructurado ya que esto como ya comenté es un lugar de desahogo y reflexión personal, así como un lugar donde compartir con quien desee leerme todas estas ideas que voy desarrollando. Dicho esto por hoy me despido, y si hay cualquier tema del cual os gustaría que expusiese mi punto de vista me encantaría que me lo comentaseis en los comentarios, valga la redundancia.
¡Nos leemos!
No hay comentarios:
Publicar un comentario